La Sección de Montaña de Peña Edelweiss, nombre completo del club de Sabiñánigo, ha recibido este año la Insignia de Oro de la FAMcon motivo de su 50º aniversario. De la trayectoria de estos años y el trabajo del club, nos habla Juan Castejón, primer presidente y que desde hace algunos años vuelve a estar al frente de la entidad.
Pregunta.- ¿Cómo fueron los orígenes del club?
Respuesta.- La iniciativa fue de Álvaro Santolaria, un montañero vecino de Sabiñánigo que quería promover este deporte y también la espeleología. Para lograrlo, se le ocurrió convocar una reunión al amparo de Peña Edelweiss, una asociación recreativa que ya funcionaba en nuestro barrio, Puente de Sardás. A esta reunión acudimos tanto gente que ya conocía a Álvaro como otras a las que simplemente le interesaba el montañismo, como a mí, que acabé siendo el primer presidente.
El tener ya una asociación funcionando nos facilitó la puesta en marcha. Así creamos la Sección de Montaña de Peña Edelweiss y al mes siguiente ya estábamos participando en cursillos de formación. Empezamos con espeleología, luego iniciación a la montaña, escalada en roca, técnica invernal… Y luego los mismos que participábamos en esos cursos, organizábamos salidas cada fin de semana y empezamos también a comprar material: tiendas, crampones, esquís de travesía, cuerdas… Todo con el objeto de que las personas que quisieran pudieran introducirse en el mundo de la montaña con todas facilidades. Llevábamos gratis a los jóvenes en nuestros vehículos, prestábamos el equipo y al poco también estábamos dando formación. Simplemente, partiendo de la base de que la montaña y el paisaje que tenemos alrededor son un privilegio y con una filosofía de conocimiento y respeto hacia la naturaleza y los valores humanos del montañismo: compañerismo, comprensión y altruismo.
P.- ¿Este ha seguido siendo el espíritu del club?
R.- Sin duda. Quienes estuvimos al frente en los primeros momentos nos fuimos apartando por motivos familiares o laborales, pero afortunadamente ese ambiente de colaboración se ha seguido manteniendo. Lo importante es que la Sección de Montaña de Peña Edelweiss sigue viva y sigue realizando actividades a distintos niveles y con cierta especialización. Estamos en torno a los 150 socios, que muestran que en el pueblo y en la zona hay afición al montañismo y nuestro club es reconocido, porque también, por decirlo de alguna manera, compartimos “clientela” con otro club local, el Grupo de Montaña Sabiñánigo, y con los de Jaca.
P.- Explícanos un poco las actividades que se realizan.
R.- Evidentemente el senderismo es una sección que goza de bastante aceptación y que programa muchas actividades. Y hay que destacar la labor de equipación de vías de escalada en la zona de Rapún, para que la gente lo pueda practicar cerca de nuestra localidad. Creo recordar que en estos momentos hay 27, porque las que abrimos primero se desequiparon cuando el Departamento de Medio Ambiente determinó que era una zona de anidamiento de aves protegidas. Luego, hace como diez años solicitamos permiso para abrir nuevas en otra zona orientada al sur, más propicia para escalar en invierno. Allí seguimos, poniendo nuestro tiempo e incluso nuestro dinero, en un trabajo para que luego cualquiera pueda utilizarlas libremente y, desde luego, respetando las restricciones para la fauna.
P.- Hay que reivindicar el trabajo de los clubes de montaña para todos los aficionados y la sociedad…
R.- También hemos estado estos dos últimos años en el programa de mantenimiento de senderos de la FAM, con socios que se han encargado de limpiar y repintar el GR 16. Es cierto que algunas de esas personas han desistido de continuar por distintos motivos, pero es otra tarea, aunque sea con menor compromiso, que seguimos realizando, aprovechando el material que nos ha cedido la Federación.
P.- ¿Qué actividades destacarías como más señaladas en estos 50 años de historia?
R.- Una de las primeras salidas que hicimos fue al Mont Blanc, que fue toda una aventura. Aguantamos diez días en Chamonix, nevando, sin ver el pico hasta que pudimos aprovechar una ventana de buen tiempo para llegar al refugio de Gouter, ya en medio de una nevada. Allí estuvimos dos días encerrados antes de poder llegar a la cima y también el descenso nos costó veinte horas, abriendo huella. Pero en menos de un año habíamos pasado de la nada a la cima del Mont Blanc.
Después estuvimos en el Cervino y otros picos emblemáticos de los Andes. Y en el año 1981 fuimos al pico Comunismo, aprovechando una oferta del Ministerio de la Juventud de la antigua URSS;
la primera vez que un grupo de montaña aragonés alcanzaba una altura semejante, 7.945 metros.
P.- ¿Luego se han dejado de preparar estas ascensiones internacionales?
R.- Lógicamente la dinámica ha ido variando. Ya desde el inicio, los primeros responsables no teníamos reparos en renunciar a ciertas actividades que nos apetecía hacer para que la gente que se iba incorporando con menos nivel pudiese participar, y después los que se mantenían más activos se orientaron más hacia la escalada en roca. Se ha ido más a actividades en nuestro entorno, sin dejar de ser importantísimas
En una trayectoria de cincuenta años ha habido altibajos y han cambiado las circunstancias, porque en los inicios ya destacaba que había una gran dinámica de altruismo, que incluso los mayores pagábamos a los jóvenes las pernoctas en los refugios. Luego se han ido desarrollando las exigencias en formación, en responsabilidad y eso ha ido cambiando el funcionamiento del club; pero lo importante, como decía antes, es que nuestra Selección de Montaña se mantiene viva y activa.
Estos altibajos creo que reflejan los de la propia sociedad, que en algunos momentos es más solidaria y en otros casos es más individualista, como quizá en el momento en que estamos. Por eso que la FAM haya pensado en reconocer nuestro cincuenta aniversario y la labor voluntaria que realizamos, la verdad es que es muy de agradecer.
P.- Ya lo has comentado un poco, ¿pero qué importancia crees que tienen los clubes de montaña?
R.- Yo destacaría el ambiente de compañerismo, de amistad, de dar a conocer lo que es ese mundo, tanto en lo que podemos denominar la parte física, de práctica del deporte, como en la
filosófica o educativa, de lo que supone el mundo de la montaña y de la relación con el medio ambiente. Creo que eso se puede ver muy bien en debates como la protección de espacios naturales, el uso de las pistas de esquí… Los clubes permiten generar discusión y diálogo sobre cómo gestionar unas situaciones en las que puede haber opiniones muy diferentes sobre lo que cada uno considera que son sus derechos o sus deberes, compartir información y reflexiones y llegar a acuerdos entre las distintas partes. Si la gente anda por libre y cada uno pertenece a su propio club, todo eso es más difícil.
P.- ¿Y cómo ves el futuro del club?
R.- En este momento, ya he dicho que trabajamos en estas vías de escalada que estamos llevando a cabo de manera altruista en Rapún, para las que también hemos tenido una subvención de la FAM para el material. La escalada tiene ahora mucho tirón y ya fuimos impulsores de que Sabiñánigo contara con un rocódromo, insistiendo ante el Ayuntamiento y presentando proyectos con cuentas realistas. Ahora, para la gente que prefiere el medio natural, queremos seguir ampliando las vías equipadas. Y, bueno, seguiremos preparando actividades en beneficio de nuestra afición y de la sociedad.